La mayoría de las mujeres carga con todo el trabajo del cuidado

La mayoría de las mujeres carga con todo el trabajo del cuidado

Por Jenny Cartagena T. – Los Tiempos. En el discurso, varones y mujeres consideran que hay igualdad en la distribución y corresponsabilidad de las tareas de cuidado en el hogar, pero los datos de la realidad muestran desigualdades sustanciales.

Casi el 45 por ciento de las mujeres encuestadas en el departamento de Cochabamba admite tener la responsabilidad principal de realizar las tareas asociadas con el cuidado del hogar y de los miembros de la familia, vale decir cuidar a los niños y niñas, a las personas mayores y con alguna capacidad especial, además de realizar tareas de limpieza, elaboración de los alimentos y otras tareas.

Contrariamente, sólo un 11,7 por ciento de los varones dice cumplir con esas obligaciones, según una última encuesta departamental sobre condiciones de vida en Cochabamba levantada por Ciudadanía, Comunidad de Estudios Sociales y Acción Pública entre el 15 de noviembre y el 3 de diciembre de 2014.

La encuesta fue realizada a una muestra de 1.044 personas (513 varones y 531 mujeres) mayores de 18 años de las 5 macroregiones del departamento, conformadas por los municipios en función a sus características geográficas y culturales.

Esta realidad, que refleja la brecha aún grande en la distribución en razón de género del trabajo del cuidado de la vida (no remunerado), sin embargo se contrapone a lo que piensan sobre el tema los encuestados.

Mujeres y varones, en un 61 por ciento expresaron estar de acuerdo en que las instituciones públicas deberían responsabilizarse por el cuidado de niños, ancianos y personas con capacidades especiales para facilitar que las mujeres puedan dedicarse a estudios o actividades laborales.

Consultados los encuestados si ¿el trabajo de cuidar a la familia y el hogar debería distribuirse por igual entre hombres y mujeres, el 67 por ciento respondió estar de acuerdo, frente a un 18 por ciento que manifestó estar en desacuerdo con eso.

Por otra parte, son las mujeres en mayor porcentaje (74%) con relación a los varones (61%) que están convencidas que las responsabilidades deben ser compartidas, percepción que no se refleja en la realidad.

Horas de trabajo

Esa carga de las responsabilidades de las tareas del cuidado del hogar en las mujeres es ratificada en la cantidad de horas al día que éstas le dedican a ese trabajo. El 17,2 por ciento de las mujeres entrevistadas señaló dedicar entre 10 a 24 horas promedio al día al cuidado de su hogar y de los miembros de su familia, frente a un 5,6 por ciento de varones que dice ocupar esa cantidad de horas para esas tareas.

El 70 por ciento de las mujeres le dedica entre 1 y 5 horas a las tareas del cuidado del hogar, mientras que un 83 por ciento de los varones destinan esas horas.

Un 7,1 por ciento de las varones señala dedicarle cero horas a esas tareas, mientras sólo 2,6 por ciento de las mujeres hace lo mismo, no destina nada de su tiempo para ese trabajo.

Menos horas mayor porcentaje de hombres, más horas el porcentaje de las mujeres aumenta.

Estas diferencias nuevamente se contraponen a lo que piensan las mujeres, cuando el 50,6 por ciento señala que siente que es tratada con los mismos derechos y obligaciones que los varones, sólo el 5,6 por ciento considera que no es así.

Los resultados de la encuesta con relación a la responsabilidad de las tareas del cuidado del hogar, que no muestran grandes variaciones con relación al nivel educativo, edad ni macroregión, están demostrando que discursivamente los cochabambinos y cochabambinas, en cuanto al ideal que tienen, son muy igualitarios y equitativos, pero en la realidad, a momento de distribuirse entre varones y mujeres las responsabilidades, las diferencias son sustanciales, el trabajo efectivo del cuidado del hogar recae sobre las mujeres.

Esa carga, el que sea mayor o menor, según la encuesta no está determinada o condicionada a factores como el nivel de ingresos o de educación; el que las mujeres tengan los mismos ingresos y nivel educativo que los varones, no va suponer que tenga menor responsabilidad en las tareas de cuidado del hogar.

Es así que la inserción de las mujeres al mercado laboral, no ha significado que deje de cumplir con las tareas del cuidado del hogar, contrariamente duplicó su responsabilidad dificultando relativamente su participación en los ámbitos de la vida laboral, política y social, en general y ha contribuido a profundizar la desigualdad social y de género.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Para subsanar la brecha existente en materia de servicios de cuidado del hogar, para que las responsabilidades entre varones y mujeres sean menos asimétricas, para que las necesidades de cuidado no sean solamente asumidas por las familias y, dentro de las familias, por las mujeres, sino más bien por la sociedad en su conjunto, se vienen debatiendo en diferentes niveles medidas y acciones que hagan frente a esta realidad.

Las propuestas, ante el reconocimiento de que el cuidado del hogar es un derecho de los miembros de la familia, apuntan a que esas tareas se consideren una responsabilidad de la sociedad en su conjunto, es decir que sea compartida por las familias, las organizaciones y el Estado.

El cómo se organiza una sociedad para “cuidar” a la familia, refleja en gran parte el grado de desarrollo social y el nivel de calidad de vida que esa sociedad ha logrado alcanzar. Una sociedad donde las necesidades de cuidado de los hijos son asumidas casi exclusivamente dentro del hogar, por las madres, muchas de las cuales son “penalizadas” por combinar tareas de cuidado familiar con su participación laboral, es definitivamente una sociedad que está todavía muy lejos de lograr “vivir bien”, afirman los expertos.

ANÁLISIS

El trabajo del cuidado en el hogar

Jaqueline Garrido Cortés, Ciudadanía

La economía del cuidado se refiere a la relación entre el funcionamiento del sistema económico (bienes, servicios, actividades relacionadas con la reproducción y bienestar de las personas) y la organización social del cuidado, es decir de alimentación, educación, salud y medio ambiente que implica tiempo, energía y afectividad. Un aspecto central de la economía del cuidado es el trabajo realizado en el hogar y que no es remunerado, ni se calcula monetariamente.

No es una encuesta especializada en uso del tiempo, sin embargo, sus datos permiten ver las diferencias del trabajo de cuidado que realizan hombres y mujeres y las diferencias entre lo que se “piensa” y se “practica” en la llajta.

Respecto a las horas que dedican hombres y mujeres de la sociedad cochabambina al trabajo de cuidado, las respuestas muestran que, en general, las mujeres realizan más que el doble de trabajo de cuidado, una faceta más de las desigualdades de género.

Estos datos presentan matices por macroregiones. Las mujeres de los valles y la zona andina tienen mayor carga de trabajo de cuidado y se advierte que las mujeres de la zona metropolitana -al igual que los hombres- realizan menos trabajo de cuidado en comparación con otras macroregiones.

Si se consideran las variables de educación e ingresos se mantienen las diferencias entre hombres y mujeres respecto a su dedicación al trabajo de cuidado, inclusive en aquellos sectores con niveles educativos e ingresos similares donde las mujeres son las principales responsables de esta tarea.

Si consideramos a personas menores y mayores a 30 años las desigualdades en el trabajo de cuidado se mantienen. Ambos tienen similar comportamiento, lo que relativiza la influencia positiva que podría tener el acceso a mayor información por parte de los jóvenes.

Estas “prácticas” contrastan con las “ideas” que pregonan los entrevistados, pues una gran mayoría declara estar muy de acuerdo en que el trabajo de cuidado debe ser distribuido por igual.

¿Cómo cambiar este patrón de conducta que imposibilita a las mujeres insertarse en el mercado laboral, participar en la vida pública y capacitarse en mejores condiciones? Ese es un desafío para la sociedad, pero también para el Estado.

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